OSORIO TAFALL, Bibiano F.

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OSORIO-TAFALL

Un científico forjado en la Enseñanza Media por Isabelo Herreros

Aunque su nombre y apellidos, los que aparecían en sus documentos de identidad,  eran Bibiano Fernández Osorio-Tafall, lo cierto es que ha pasado a la historia de la guerra civil, -en la que jugó un destacado papel-,  como Osorio-Tafall a secas, como si se tratase de nombre y primer apellido. No conocemos cuando nuestro personaje eligió estas  señas de identidad personal. Pudo optar por otras combinaciones. En sus datos consignados en el Registro Civil aparece con los nombres de José Manuel Ramón (Bibiano aparece escrito como añadido), hijo de José Fernández Tafall y de María Osorio, naturales, respectivamente, de Santiago de Compostela y de Salcedo. La fecha de nacimiento fue la del 3 de diciembre de 1902.  Como vemos utilizó los dos apellidos de su padre, si bien intercaló  el materno de Osorio. Hoy día sería difícil realizar esta combinación, pero en los tiempos en que el joven universitario obtuvo su cedula de identidad no se exigían demasiados requisitos. Con el tiempo, al adquirir notoriedad en la política regional gallega, nuestro biografiado pasó a ser mencionado en los periódicos como B.F. Osorio-Tafall. Hasta tal punto ha cristalizado esta utilización curiosa de nombres y apellidos que en la Enciclopedia Gallega aparece en la O y no en la F, como sería lógico. En cuando al cuarto nombre, Bibiano, el elegido, era en realidad  apellido de su abuelo paterno, natural de Toledo y que fue fundador en Santiago de Compostela de la Gaceta de Galicia. Puede que en la elección de Osorio pesase cierto romanticismo, por ser un apellido de origen noble, de un linaje muy antiguo en Galicia.

 

Etapa de formación

En una entrevista realizada a Osorio por el Correo Gallego, el 19 de diciembre de 1989, poco antes de su muerte, comentaba lo siguiente:

 

Aún recuerdo con bastante claridad la escuela primaria, donde aprendí la base de mi educación con un gran maestro que se llamó Manuel Mars; me inculcó la inclinación por el estudio de la vida, de los tiempos y los lugares. Aprendí mucha geografía. Siendo muy pequeño podía marcar en el mapa los países más importantes y lejanos. Posteriormente inicié los estudios de la enseñanza secundaria, cuando aún no contaba diez años, gracias a un decreto de Instrucción Pública que permitía entrar a la gente que estaba bien preparada aunque no hubiera cumplido la edad reglamentaria. Así que los estudios de bachillerato los terminé cuando tenía quince años. Bajo la influencia de mi profesor de ciencias naturales, decidí estudiar las materias de Biología, Geología, Recursos Naturales, etc. Mi siguiente paso fue la entrada en la Universidad, donde inicié los estudios de Farmacia. Posteriormente me trasladé a Madrid, para continuar los estudios de ciencias naturales. En la capital madrileña fueron años difíciles, porque en septiembre de 1923 se produjo el golpe de Primo de Rivera. Pese a ello tuve la suerte de vivir en la Residencia de Estudiantes, donde conocí a Salvador Dalí, que para mí era un farsante. Además conocí a mucha gente de la Institución Libre de Enseñanza.   

 

 

Dictadura, República y guerra civil.

 

Nuestro personaje, a pesar de su juventud, era ya, a la llegada de la Segunda República, un destacado dirigente republicano en Pontevedra. Había participado en el Pacto de Lestrove y era catedrático de Agricultura y Tecnología del Instituto de Enseñanza Media de la capital pontevedresa, del que llegaría a ser director. Con 29 años y tras ser candidato por la ORGA  en las elecciones  municipales del 12 de Abril de 1931, resultó elegido alcalde de la ciudad. Su gran capacidad de trabajo dejó huella, iniciándose entonces proyectos para dotar a Pontevedra de modernas instalaciones en los  mercados, control sanitario de alimentos, pavimento, mejora de comunicaciones, construcción de escuelas, así como asistencia,  por parte  del Ayuntamiento,  a  los más desprotegidos.

Aunque Osorio no escribió memorias lo cierto es que, en varias ocasiones dejó por escrito testimonio, a veces en forma de carta a un amigo o investigador, de los acontecimientos políticos por él vividos. En relación al Pacto de Lestrove y al Pacto de San Sebastián existen distintas versiones de lo acaecido, incluso en lo escrito por los propios protagonistas. Acerca de estos hechos Osorio dejó unas notas escritas, en las que aporta información de primera mano y hace frente a versiones poco ajustadas a la verdad, o escritas al calor de enemistades personales:

 

La mayor parte de las menciones al Pacto de Lestrove proceden de Emilio González López que allí estuvo presente y cuyo trabajo titulado “El Autonomismo Gallego entre 1931 y 1936” conozco tan solo por las numerosas referencias que a él se hacen en las obras acerca del Estatuto de Galicia. A juzgar por esas referencias, muchas de las aseveraciones de Emilio son infundadas y algunas de ellas, sumamente apasionadas, principalmente en las referentes a su “apreciación” de Casares Quiroga.

Yo fui designado Secretario General de la FRG por haberse fijado la sede de la FRG en el Centro Republicano de Pontevedra, del cual yo era a la sazón secretario.

Con toda seguridad la documentación de dicho Centro habrá sido destruida o desaparecida, pero es muy probable que de la revisión de la prensa gallega del periodo entre el 16 de marzo de 1930(Lestrove) y el 17 de agosto del mismo año(San Sebastián) se encontrará alguna referencia( recuerdo que El Pueblo Gallego de Vigo se refirió a dicho acto) a la reunión celebrada en el Centro Republicano de Santiago de Compostela en una fecha que no puedo precisar, pero indudablemente comprendida entre las fechas señaladas más arriba. Es más que posible que la reunión fuera a fines de mayo o comienzos de junio.

En Lestrove no se habló para nada de una reunión nacional de republicanos y menos de que habría de verificarse en San Sebastián ni de que los allí reunidos hubiéramos sido informados de un mitin de la coalición republicana a tener lugar en Madrid. Esto aconteció, por lo menos, un par de meses después, cuando recibimos los informes referentes a los dos actos (reunión magna en San Sebastián y mitin de coalición en Madrid). La Comisión Nacional organizadora de ambos actos nos pedía que designáramos un representante para acudir a San Sebastian  y otro como orador para el mitin de concentración en Madrid. En la reunión de Santiago estaban, por supuesto, Casares Quiroga y Abad Conde y la mayoría de los miembros directivos de FRG (tres por cada provincia). Yo que conocía las mañas de los radicales y sobre todo de Abad Conde (por cierto muy lejano pariente mio, así como también de Elimina, la esposa de Cruz Gallástegui) me adelanté proponiendo a Casares para la reunión de San Sebastián y a Abad Conde como orador en el mitin de Madrid. Así se aprobó sin ninguna manifestación en contra”.   

 

A pesar de la independencia de criterio que mantuvo a lo largo de su vida política, y de ser mas sensible que otros republicanos gallegos a las reivindicaciones de autogobierno, su sentido de la equidad le llevó también a dejar por escrito su impresión acerca del papel jugado por Casares Quiroga en el Pacto de San Sebastián, aún hoy criticado por galleguistas de diversas tendencias:

 

No comparto las críticas apasionadas e injustas que principalmente Castelao hizo en contra de Santiago Casares. En San Sebastián, después de oír los alegatos de los catalanes y vascos, Casares solicitó enfáticamente que en un futuro programa de Gobierno se diera a Galicia el mismo trato que a Cataluña y Vasconia. ¿Qué más habría podido pedir en aquella coyuntura?

 

En las Cortes Constituyentes republicanas Osorio participó de forma destacada en las comisiones parlamentarias de Reforma Agraria y de Trabajo y Previsión Social. Más de cuarenta intervenciones del joven diputado registran los diarios de sesiones del Congreso de los Diputados. Sus estancias en Madrid las aprovechaba para realizar acopio de publicaciones científicas y para visitar los laboratorios de  la Residencia de Estudiantes, en la que había estado alojado años atrás, cuando cursaba los estudios de Ciencias en la Universidad madrileña, en la misma época que Federico García Lorca.

Aunque era partidario de la república federal muy pronto se sintió atraído por la personalidad política de Manuel Azaña y, junto con la agrupación pontevedresa de la FRG  se integró en Acción Republicana en 1932. Además de sumar al azañísmo un partido de ámbito provincial en el que militaban relevantes personalidades, como el también diputado Joaquín Poza Juncal, contaba el republicanismo pontevedrés con un diario, El País, además de importantes centros y casinos republicanos, como el de la propia capital.

Cuando las derechas llegaron  al gobierno de la mano de Lerroux en 1934 Osorio-Tafall fue destituido de su cargo de alcalde pontevedrés. También la represión le llegó en el ámbito profesional y sería también destituido del cargo de director del Instituto de Segunda Enseñanza.  Imposibilitados los republicanos en este tiempo para realizar trabajo político en las instituciones, por las persecuciones e incluso encarcelamientos a que se vieron sometidos, se aprestaron a impulsar un proceso de construcción de un gran partido de izquierdas. Osorio-Tafall había apostado, ya en 1932, por impulsar un decantamiento del azañísmo hacía una fuerza nitidamente de izquierdas, incompatible, como quedó pronto demostrado, con el partido de Lerroux  y con suficiente fuerza como para mantener su independencia respecto de los partidos obreristas.

 

Llegado el momento de las elecciones de 1936 Osorio-Tafall tuvo en las mismas un gran protagonismo y, superadas antiguas rencillas, trabajó junto a Casares Quiroga en la consecución de un respetable número de diputados para el partido común de Izquierda Republicana. En el nuevo parlamento presidió la Comisión de Trabajo y consecuencia de un trabajo muy respetado por los sindicatos fue su posterior nombramiento como Subsecretario de Trabajo y Previsión Social, en el gobierno que presidía el propio Azaña. Miembro de la Comisión de Estatutos, fue uno de los redactores del Estatuto de Galicia.

 

Elegido el presidente de IR  Jefe de Estado (10 de mayo de 1936)  y encargado Casares Quiroga de formar gobierno, el diputado pontevedrés fue nombrado nada menos que Subsecretario del Ministerio de la Gobernación, cargo en el que se encontraba en el momento de la sublevación fascista y en el que continuó también durante la presidencia de su correligionario José Giral. Tras quedar “cesante” al llegar al gobierno Francisco Largo Caballero Osorio-Tafall realizó a partir de octubre de 1936 un frenético trabajo político en el seno de su partido,  y tras la marcha del gobierno de Madrid  a Valencia, en noviembre de aquel año, se convirtió en la mas relevante personalidad de Izquierda Republicana, tras su elección como Secretario General, junto a Salvador Quemades como presidente del Consejo Nacional. También se encargó de la dirección de Política, por entonces diario, y aún le quedaba tiempo para impartir unas magnificas clases  de Ciencias en el Instituto Lope de Vega, al que había sido trasladado como catedrático, al quedar en zona rebelde Pontevedra desde el comienzo de la guerra.

Llama la atención la capacidad de trabajo de nuestro personaje y sorprende comprobar que, a pesar del efímero paso por algunos cargos, en todos realizó una actividad desbordante, relevante y de la que ha quedado huella, y así ocurrió cuando presidió , en Julio de 1932,  la Asamblea de Municipios de Galicia que dio lugar a al Comité Central de Autonomía de Galicia y que era un organismo que tenía por función preparar la campaña autonomista y recabar del Consejo de Ministros el decreto para la celebración del plebiscito y la aprobación del Estatuto. El proceso quedó interrumpido durante el bienio negro y el plebiscito no tuvo lugar hasta pasadas las elecciones de Febrero de 1936. La sublevación de Julio de aquel año frustró por muchos años el sueño autonomista.

 

Aunque a Osorio-Tafall, como a otros dirigentes de IR que apoyaron  con lealtad al doctor Negrín, se les ha etiquetado de pro-comunistas, lo cierto es que a lo largo de toda la guerra civil el diputado pontevedrés mantuvo las posiciones políticas autónomas acordadas por su partido y, lo que es mas importante, y que otros republicanos no hacían, y que era defenderlas públicamente  y señalar el sectarismo y el entrísmo que otras organizaciones practicaban, y que tanto daño hicieron a la causa republicana. Y así, precisamente cuando las maniobras y el sectarismo llegaron  a amenazar seriamente la propia actividad de los republicanos, y se daban situaciones de amedrentamiento y actos de hostilidad,  el entonces Secretario General de  IR decidió organizar un gran acto público para denunciar lo que ocurría en la retaguardia republicana,  precisamente poco después de los sucesos de Mayo de 1937  en Barcelona, lo que significaba en aquellos momentos no solo una declaración de autonomía política si no de valentía y audacia, frente al poder que habían conseguido en el Gobierno y en el Ejercito republicano el Partido Comunista Español y los sectores afines al mismo del Partido Socialista.

Hace años leí en la hemeroteca la referencia, en la prensa de la época, del importante acto de Izquierda Republicana, celebrado en Madrid, el 13 de Junio de 1937,  en el Teatro Barral, y protagonizado por Miguel San Andrés, diputado, y por el también diputado y Secretario General Bibiano F. Osorio-Tafall. El acto contó con la asistencia del presidente del partido, Salvador Quemades, y dirigentes como Ramón Viguri, Joaquín Nogueras,  así como Miguel Betegón, dirigente de la Juventud de IR, que también intervino. La puesta en escena del acto contó con la actuación de la banda de música de la 75 Brigada Mixta, integrada por afiliados de IR. De la importancia que dieron los republicanos a este acto es un dato elocuente que al día siguiente el diario que dirigía el propio Osorio-Tafall, Política, situase en primera página, destacado, el siguiente titular:

 

“Izquierda Republicana ha dicho ayer a España y al mundo la verdad, la única verdad sobre nuestra guerra”

 

Los republicanos trataban, también, con este mitin, de hacer frente al discurso obrerista dominante del momento y hacían valer su presencia en la sociedad, al tiempo que reafirmaban su credo democrático, y daban aviso al recién llegado presidente, don Juan Negrín,  de que no querían tolerar por más tiempo la ofensiva de quienes pretendían, en la retaguardia republicana, hacerles desaparecer del mapa. Como muestra de cómo percibían los dirigentes republicanos este clima reproducimos parte de la intervención del vicepresidente de IR de Madrid, Raimundo Arias:

 

Pues nosotros somos, ante la opinión ahora y lo éramos antes, una organización política que se ha formado por el culto a una idea. Somos también un partido de clase. Se habla de los republicanos, del movimiento republicano, de los jóvenes republicanos, como si se tratase de pequeños burgueses. Si un albañil está afiliado a un partido obrero es un proletario. Si un albañil está afiliado a nuestro partido es un pequeño burgués. Esto no lo entendemos nosotros, no lo entiendo yo, ni lo entiende nadie, naturalmente.

 

El discurso de Osorio-Tafall, reproducido integramente, como los demás, en el diario de Izquierda Republicana, se lo hice llegar en su dia al dirigente comunista gallego Santiago Álvarez,  cuando preparaba  un libro biográfico sobre su ilustre paisano, a cuyas ordenes había combatido. Lo cierto es que lo incluyó en el libro, sin comentario alguno,  con lo que demostró ecuanimidad,  pues es mas que probable que no compartiera lo que refleja el citado discurso, del que a continuación nos ocupamos.

La primera parte del discurso la dedicó Osorio a pedir el máximo apoyo para el gobierno republicano. En esto había perfecta sintonía  el presidente de la República, su antiguo correligionario don  Manuel Azaña:

 

Si existe un organismo rector de todas las actividades del país, si hay un Gobierno que tiene que presidir y orientar todas las actividades relacionadas con la guerra para después preparar el terreno en el que ha de edificarse la España futura, ¿Cómo es posible que en los días que corren aparezcan en la prensa críticas apasionadas e injustas, que tienden a desconocer la autoridad de nuestro Gobierno legítimo y a disminuir su crédito en el exterior?

Por eso los hombres de Izquierda Republicana, y aquellos otros que apoyen al Gobierno, como nosotros lo hemos hecho siempre, con espíritu de sacrificio, queremos la disciplina más perfecta y la obediencia más completa para que el actual Gobierno sea el verdadero y auténtico Gobierno de la victoria, el que pueda conducirnos a ese triunfo que todos deseamos.

 

En el discurso también se hizo  eco de las andanzas y correrías de ciertos revolucionarios y señaló el drama que empezaban a vivir muchos republicanos:

 

Cuando hay gentes a las que el ideal, al parecer, no les interesa, sino que más bien impulsan otros deseos e intereses, es hasta cierto punto explicable que no tengan mucho interés en que termine la guerra, y que por el contrario, se prolongue el actual estado de cosas.

Muchos que jamás han tenido hada, y que es posible que tampoco trabajasen, y que hoy se pasean muellemente, bien provistos de dinero y ávidos de comodidades, por las calles y carreteras de España, ¡como van a querer que la guerra se termine! Es lógico que quieran vivir en constante y perpetua “revolución”, porque sólo en semejantes condiciones pueden vivir como lo hacen y calificarnos de pequeños burgueses a nosotros, ellos, que hoy son mucho más burgueses que todos los burgueses habidos y por haber.

 

Ante los temores de muchos correligionarios, preocupados por la propaganda revolucionaria de comunistas y anarquistas, y que veían peligrar la propia esencia del régimen del catorce de abril de 1931, el Secretario General de IR reafirmó la posición democrática de su partido:

 

¿Qué es esencialmente para Izquierda Republicana la revolución? Ya se ha dicho: una obra de superación, una obra de ordenación, una empresa de la que tiene que derivarse una completa transformación de la sociedad española, atendiendo a las circunstancias de ambiente y a las condiciones intrínsecas que tenemos los españoles y de las cuales no podemos evadirnos. Para nosotros la revolución comporta varios estadios: La revolución política que conduce a la capacitación del hombre y la dignificación del mismo para elevarle a la suprema condición de ciudadano. El ejercicio de sus libertades.

 

De una manera  aún mas diáfana  dejó claro que la estación de término de los republicanos seguía siendo la misma:

 

Nuestra bandera es República democrática y parlamentaria. Hemos dicho ya el hondo contenido que encierra la democracia depurada que tiene que salir de la revolución. Lo que es el parlamentarismo lo hemos expresado ya también en otros actos. La bandera de los republicanos es ésta, y nosotros no debemos tolerar ni consentir que nadie nos la arranque de nuestras manos.

 

 

En relación a los llamados sucesos de Barcelona no dejó de denunciar los atropellos y asesinatos que se habían producido, con republicanos como victimas, así como lo ocurrido en los llamados sucesos de Barcelona:

 

…en las ciudades de Castilla, en los campos castellanos, en Cataluña y en Valencia, y en Aragón, parece ser que ahora se ha exacerbado la fiebre contra los hombres republicanos, singularmente contra los hombres de Izquierda Republicana, y en su vida o en sus actos se están cometiendo demasías, atropellos y excesos, que nuestro Partido no puede continuar tolerando ni un momento más. El movimiento que se ha producido, para vergüenza de los españoles, en Cataluña y de suya génesis todavía no estáis totalmente enterados, ha producido centenares de víctimas, victimas de todos los partidos y organizaciones; pero especialmente han caído los republicanos, y en determinadas zonas, en la Costa Brava, por ejemplo, por centenares. Han caído muchos de nuestros hombres fusilados por los llamados incontrolados que en la retaguardia son los amigos más fraternos del fascismo que combatimos más allá de las trincheras. Esto es lo que con el esfuerzo conjunto tiene que terminar.

 

 Desde el inicio de la guerra la posición de Izquierda Republicana en relación a las milicias populares fue la de que se transformasen, lo antes posible,  en unidades  disciplinadas de un solo ejercito republicano, y que la militancia política o sindical quedase fuera de los cuarteles y frentes de combate. Esa había sido la política propugnada desde los primeros momentos, por el Gobierno de José Giral, en el que un afiliado a IR, el teniente-coronel Juan Hernández Saravia, desempeñó la cartera de ministro de la guerra,  sin que esa particularidad haya sido destacada por historiador alguno, por haber actuado con profesionalidad y alejado de todo sectarismo a la hora de realizar nombramientos y destinos. El  gobierno de Largo Caballero no dio pasos en la despolitización del Ejército y,  solo cuando los que le habían encumbrado a la categoría de “Lenin español”, conspiraron para derribarlo,  se dio cuenta del estado de la cuestión. Es por lo mismo que el Secretario del Consejo Nacional de IR  denunció también este problema:

 

He de referirme ahora a un tema de interés palpitante, de actualidad extraordinaria, que es preciso tratar con serenidad, pero sobre todo que tiene una dificultad de la que puede derivarse –si no se examina serenamente- incontables desventajas. Me refiero al proselitismo, y singularmente al proselitismo en el Ejército.  Izquierda Republicana no quisiera haberse visto obligada a tener que hablar en un acto como este de una cuestión que no debiera haberse planteado, pero nosotros salimos al camino y a la plaza pública para decir la verdad. Izquierda Republicana ha contribuido en la medida de su esfuerzo a la formación del Ejército Popular, ha dado sus mejores hombres para esta magna empresa, ha dado su juventud, que ha escrito páginas de gloria en la historia de nuestra epopeya; pero estamos observando con asombro y dolor, de algún tiempo a esta parte, lo que se está realizando dentro de las filas del Ejército, por parte de militantes de un Partido que no quiero nombrar aquí.

 

Después de leer esta parte de discurso de Osorio sorprende aún más que se haya escrito, por parte de memorialistas o historiadores de diversas tendencias, que el nombramiento de Osorio-Tafall, como Comisario General del Ejército de Tierra,  fuese propuesto a Negrín por los comunistas. Ni el doctor Negrín se dejaba  aconsejar, tal y como ha quedado claro en recientes y rigurosas investigaciones, ni el Secretario General de IR tenía afinidad alguna con el Partido Comunista Español, si bien es lógico que en el desempeño de su responsabilidad  mantuviese las mejores relaciones posibles con los jefes militares que pertenecían a esta organización, como eran los casos de Lister, Modesto o Tagüeña.

 

En la etapa de la guerra civil, además de las responsabilidades  de Secretario General de IR y de Comisario General del Ejército de Tierra, desempeñadas por Osorio, también ocupó la presidencia de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, así como la secretaría de la Asociación de la Prensa de Madrid. Desempeñaba estos cargos cuando se produjo,  en Octubre de 1937,  una invitación del gobierno ruso para que una delegación de intelectuales y obreros españoles asistiera a los eventos del XX aniversario de la revolución. Organizó con eficacia y sin sectarismo la representación española, a la que se incorporaron personas de las distintas tendencias  políticas que daban apoyo al gobierno republicano, así como relevantes intelectuales y artistas  independientes  como Tomás Navarro Tomás, Victorio Macho o José Bergamín. De la experiencia de este viaje y su importancia, para recabar el apoyo del pueblo ruso a la causa republicana, dio cuenta en una serie de conferencias pronunciadas en el Ateneo de Madrid, entidad de la que también fue destacado socio.

 

Una de las iniciativas de Osorio-Tafall  como Secretario General de Izquierda Republicana fue la organización de actos conmemorativos de la proclamación de la Segunda República española. De estos actos, celebrados  tanto el 14 de abril de 1937 como el 14 de abril de  1938, han quedado  para la historia unos magníficos carteles, realizados por pintores vanguardistas. Parece  lógico que las fuerzas políticas que defendían la República conmemorasen la efemérides. Lo cierto es que en ambas ocasiones se quedó IR en solitario, al oponerse a la celebración el resto de partidos y sindicatos, por entender que había que hacer “tabla rasa” desde el 18 de Julio de 1936, y así lo decían en sus periódicos (Claridad, El Socialista, CNT o Mundo Obrero). A pesar de ello el partido de Manuel Azaña realizaba un gran esfuerzo en estos actos y manifestaciones, para transmitir a la opinión pública que el régimen del 14 de abril seguía vigente.

 

 

Comisario General del Ejercito de Tierra

 

En abril de 1938, tras la crisis de gobierno, sería nombrado Comisario General del Ejército de Tierra, convirtiendose muy pronto, por su trabajo y presencia constante en los frentes de combate,  en una personalidad muy conocida y en uno de los más firmes colaboradores del doctor Negrín. Aunque en algunos libros y trabajos aparece que Osorio-Tafall  sucedió en este cargo a Julio Álvarez del Vayo lo cierto es que era el  socialista Crescenciano Bilbao quien ocupaba este cargo. Las oficinas del Comisariado se encontraban en Barcelona y tanto en lo que eran los cargos burocráticos como en  los cargos de mayor presencia en acuertelamientos y frentes de combate, una vez más Osorio acreditó su talante democrático, lejano de  los favoritismos y  sectarismos, al rodearse de colaboradores de todas las tendencias políticas y sindicales. También, como en  todas las responsabilidades oficiales desempeñadas, su trabajo dejó testimonio en La Gaceta republicana. La asimilación  de los comisarios  con categorías militares fue una de las disposiciones que propuso y obtuvo del Ministro de Defensa. Esta norma legal  tuvo su importancia no hace tantos años, al reconocerse derechos pasivos a los militares del Ejercito de la República. Nuestro biografiado mantuvo durante toda su vida una intensa vocación por la enseñanza y, incluso en un cargo tan alejado de las aulas como el de Comisario General del Ejercito de Tierra, encontraba a veces ocasión para impartir sus conocimientos, fuesen estos relacionados con la ciencia, la historia o la milicia. Al poco tiempo de serle encomendada tan alta responsabilidad por el presidente Negrín publicó un artículo en la revista El Comisario, en el que  acredita sus conocimientos históricos acerca del origen de la figura de los comisarios de guerra:

 

 No creo yo que para justificar la existencia del comisario en nuestro ejército sea preciso recordar el papel que los comisarios han jugado en otras guerras, muy parecidas a la nuestra. El papel que han jugado, por ejemplo, los “delegados del Comité de Salvación Pública” en la Revolución francesa, de donde arranca, puede decirse, la idea de la incorporación de hombres de condición civil y ciudadana al Ejercito para el desempeño de funciones de vital importancia, para mantener en todo momento en alto la moral combativa de las fuerzas, para ejercer una máxima vigilancia, para velar por el cumplimiento de las directrices y normas de la dirección política de la guerra, que la da el Gobierno, o, como en el caso de la Revolución francesa, el Comité de Salvación Pública, “para estimular, fomentar e intensificar el odio contra el enemigo, para reforzar la vigilancia”, y así sucesivamente. O el papel, de tan predominante importancia, que han jugado los comisarios políticos en la Revolución rusa, en la que llegaron, incluso en muchos casos, a tener la dirección de las operaciones.

Respecto al papel jugado desde el inicio de la guerra por los comisarios Osorio realiza una encendida defensa del trabajo desarrollado por estos:

 

Los comisarios crearon una disciplina donde no la había, formaron el mando único donde sólo existían unidades, llenas de arrojo, eso si, pero disgregadas, sin fuerza para resistir las hordas de mercenarios de la invasión, y pusieron a disposición del Gobierno, los jefes y el pueblo entero, un instrumento de  victoriosa resistencia. Al mismo tiempo, y como contraste de la obra inmensa de los comisarios, merece –para estimulo de los propios comisarios y de todo nuestro pueblo y nuestro Ejército- destacar las condiciones que condujeron a la pérdida del Norte.

 

Si se lee con detenimiento y tras la pista de Osorio, en los libros que abordan los últimos meses de la guerra civil podemos encontrar a nuestro personaje en todas las reuniones políticas y militares relevantes. Hasta tal punto se convirtió en la persona de confianza del presidente Negrín que, según se desprende de las  memorias de Antonio Cordón,  cuando los jefes militares republicanos querían averiguar que pensaba o podía opinar el jefe de Gobierno, en relación con una operación o plan de actuación, sondeaban primero al Comisario General del Ejercito. Respecto a la opinión que el dirigente de IR merecía al general comunista, encontramos  el siguiente comentario:

 

Osorio-Tafall, figura destacada del partido de Izquierda Republicana, era un hombre inteligente, un profesor de extensa cultura, firme en sus convicciones republicanas y democráticas, que desarrolló durante la guerra una labor positiva en los cargos que desempeño. En el importante puesto de comisario general contribuyó a hacer del comisariado un organismo más dinámico, mejor orientado.

 

Este cargo, finalmente  denominado Comisario General de Defensa,  ocupaba al finalizar la guerra y con los últimos batallones cruzó la frontera, si bien no dejó ni un solo día para el descanso, ocupandose, también con gran eficacia, de la ayuda a los más desprotegidos, a través del SERE,  organismo en el que ocupó el cargo de Secretario General, en  aquella Francia hostil para los  republicanos vencidos.

Tras una estancia  de unos meses en Estados Unidos Osorio-Tafall optó por México como  país de exilio y en muy poco tiempo reanudó sus trabajos científicos. En 1942 ya era profesor de Bioecología en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y en 1947 pasó a ser profesor de Recursos Naturales en el Departamento de Geografía de la UNAM. Con su nombramiento en 1949 como Director de la Oficina Regional de la FAO para el occidente de la América Latina, con sede en Santiago de Chile  se puede decir que finalizará su dedicación, al menos a tiempo completo,  a las investigaciones en Hidrobiología y Recursos Naturales, si bien el inventario es, como todo en la vida de Osorio-Tafall, brillante y abundante. Mas de doscientos trabajos científicos dejó publicados, de los que solo citaré algunos:

El mar de Cortés. México 1942

El mar de Cortés y la productividad fitoplanctónica de sus aguas. México 1943

Mares e islas mexicanas del Pacifico. México 1948

La planeación del aprovechamiento de los recursos naturales renovables para la industrialización de México. México 1950.

Como consecuencia de su prestigio académico fue elegido en 1942 Secretario de la Sociedad Mexicana de Historia Natural y poco después asesor técnico de la Dirección de Pesca de la Secretaría de Marina. Incluso en su etapa como alto funcionario de la ONU  nunca dejó nunca de participar en congresos científicos y de divulgar sus conocimientos a través de conferencias o artículos en revistas especializadas. También fue traductor, desde distintos idiomas, de libros científicos, gracias a su conocimiento del francés, inglés, alemán, italiano y portugués. También conocía el ruso, el indonesio, el árabe y el griego.

Por último reseñar  su intensa carrera diplomática en el seno de la ONU,  organismo en el que llegó a desempeñar  cargos de la máxima relevancia,  como fueron el de Encargado de misiones especiales de asistencia Técnica en Indonesia en 1959 o el de Jefe de Operaciones Civiles de la ONU en la Republica Democrática del Congo. Desde 1950 participó en los trabajos que se desarrollaban para crear una fuerza de interposición en conflictos bélicos, es decir lo que hoy se conoce como Cascos Azules. Sus antiguos conocimientos militares sin duda que le fueron de utilidad. Otro de los cargos de confianza del Secretario General de la ONU encomendado a nuestro científico, en 1967,   fue el de Representante especial en Chipre, encargado de resolver el conflicto turco-chipriota. Precisamente desempeñaba este cargo cuando solicitó su jubilación, en 1974; por entonces su rango era el máximo tras el Secretario General: Subsecretario. Pero si finalizó su  carrera diplomática no así la  de publicista y conferenciante. A partir de entonces se dedicó a aportar su punto de vista y conocimientos en política internacional, al servicio de los ideales de toda su vida de luchador republicano. Algunos de sus últimos trabajos, ponencias en congresos científicos o de cooperación internacional, nos dan idea de la extraordinaria formación del antiguo alcalde de Pontevedra:

Human Rights, Development and Indigenous Communities in México. Publicado por la División de Derechos Humanos de las Naciones Unidas( 1981)

Comentarios sobre el Desarrollo y el Nuevo Orden Internacional. Ponencia presentada en la conferencia multidisciplinaria sobre la Transición hacia un Nuevo Orden Internacional Democrático. CEESTEM. Septiembre 1981.

Los problemas del Ambiente Humano. Ponencia sometida a la Mesa Redonda sobre preservación del Ambiente, organizada por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas. 1981.

La Mediación Internacional en el Conflicto Irán-Irak.  1982.

A pesar de tan tremenda actividad científica y diplomática no se desentendió nunca de los problemas del exilio español, si bien no participó en debates y luchas internas que a su juicio no conducían a nada eficaz. Como conocedor de la política internacional sabía que el régimen del general Franco tenía asegurada su pervivencia por muchos años.

 

Desaparecido el dictador no consideró la posibilidad de regresar a España, por los arraigos que ya tenía con México. Se le llegó a plantear por el primer gobierno de la transición, el de Adolfo Suarez,  el nombramiento como Presidente  “provisional” de Galicia, en una suerte de operación similar a la que dio con Tarradellas como primer presidente de la Generalidad catalana restablecida. Declinó nuestro personaje el ofrecimiento, si bien no faltaban argumentos de tipo político y jurídico que avalaban la propuesta, es decir su antiguo cargo de Presidente del Comité Central de la Autonomía de Galicia y su papel de redactor del Estatuto. Hasta su muerte en 1990 visitó en varias ocasiones su Galicia natal, con ocasión de homenajes de carácter local o de colectivos de amigos. La recuperación de Osorio-Tafall como relevante personalidad política y científica  del siglo XX español es tarea pendiente y esta apretada biografía solo pretende llamar la atención sobre esta imperdonable amnesia.

 

 

Bibliografía consultada

 

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Osorio-Tafall. Su personalidad, su aportación a la historia. Edicios  do Castro.

A  Coruña 1992.

 

AMO, Julián  y CHARMION,  Shelby,  con prólogo de Alfonso Reyes

La obra impresa de los intelectuales españoles en América. 1939-1945.

Stanford University Press. Stanford, California 1950.

 

CORDÓN, Antonio

Trayectoria. Memorias de un militar republicano. Editorial Critica. Barcelona 1977

 

FERNANDEZ SANTANDER, Carlos

El exilio gallego de la guerra civil. Biblioteca del exilio. Ediciós do Castro

A Coruña 2002

 

MANTECON, Matilde

Índice biobibliográfico del exilio español en México.

El exilio español en México (1939-1982), México, Salvat y Fondo de Cultura Económica, 1982

 

VAZQUEZ, Matilde y VALERO, Javier

La guerra civil en Madrid. Tebas 1978

 

VV.AA.

Cuadernos bibliográficos de la guerra de España (1936-1939)

Universidad de Madrid.1967

 

 

Reproducido en  OSORIO-TAFALL. Su personalidad, su aportación a la historia. Santiago Alvarez. Edicios do Castro. A Coruña. 1992.

Antonio Cordón. Trayectoria. Memorias de un militar republicano. Editorial Crítica. Barcelona 1977