O´NEILL, CARLOTA

Carlota O´Neill

CARLOTA O´NEILL. UNA MUJER EXCEPCIONAL MARCADA POR LA TRAGEDIA DE LA GUERRA CIVIL.  Isabelo Herreros

 

La primera vez que me tropecé con el nombre de Carlota O´Neill fue en una librería de viejo, cerca del Zocalo de la ciudad de México, hará unos veinte años. El titulo del libro me llamó la atención: “Una mujer en la guerra de España”. La prosa con la que estaba escrito ponía en evidencia un gran talento para la narrativa, muy superior a lo que se espera encontrar en un volumen cuya autora era  una conocida periodista de origen español, según averigüé pronto. En aquellos años mis actividades estaban muy alejadas de la investigación histórica, si bien incorporé a Carlota O´Neill a una suerte de listado que llevo de personajes sobre los que voy acumulando información y, a veces, como es el caso, la doy a conocer en forma de pequeñas biografías. Mucho tiempo después me encontré con la grata sorpresa de que un amigo, residente en Melilla, tenía la misma admiración por nuestro personaje. Eran ya los años en que se empezaba a hablar de recuperación de la memoria republicana  y se iniciaban investigaciones de ámbito local acerca de la represión franquista. Resulta que Carlota O´Neill, sin haberlo pretendido nunca, es uno de los primeros exponentes de nuestra última tragedia colectiva, al haber sido encarcelada el día 22 de julio en la ciudad de Melilla, por los sublevados contra la República, inicialmente por ser la mujer del primer fusilado que se registra en aquella negra lista: el capitán Virgilio Leret, brillante ingeniero y piloto, comandante el 17 de julio de 1936 de la Base de Hidroaviones del Atalayón, por oponerse a la insurrección y por ser conocida la proximidad de este oficial con el propio presidente de la República, el ateneísta Manuel Azaña. En pesquisas posteriores, realizadas para aquella parodia de tribunales, encontraron los franquistas motivos suficientes para efectuar una dura condena a nuestra antigua consocia: Era culpable, al parecer, no solo de haber republicanizado a su marido si no de haber sido una mujer libre, de ideas progresistas y gran propagandista de lo que aquellos zafios militares y clérigos llamaban “ideas disolventes”, palabras que, curiosamente, aparecerán en sentencias y expedientes de depuración de cientos de socios de la docta casa, al ser el Ateneo, para la  “nueva España”, el principal centro de irradiación liberal y republicana.

Nuestra ateneísta nació en Madrid, en 1905, en el seno de una familia de la burguesía ilustrada, y nos encontramos con que tanto el padre como la madre son personalidades también apasionantes y que necesitarían también de una investigación. El padre, Enrique O´Neill, era diplomático mejicano, hermano del dramaturgo norteamericano Eugene O´Neill, emparentado en los años cuarenta con Charles Chaplin, por el matrimonio del genial Charlot con una hija del autor de “Mas allá del horizonte”.  También el padre de Carlota fue escritor, así como un relevante músico. Por si fueran pocos los antecedentes intelectuales nos encontramos con el también apasionante personaje de la madre, Regina de Lamo Ximenez, natural de Granada, pianista, escritora y periodista. También fue activista social y fundadora de entidades como la Asociación de animales y plantas de España. Gracias a sus campañas en defensa de los animales consiguió que en la fiesta de los toros se incorporase el peto para los caballos en 1928. Se pueden encontrar artículos suyos en la prensa diaria de la época así como en las revistas anarquistas.

Muy joven, apenas finalizados  sus estudios de filosofia  y letras, da a la imprenta una novela, editada en Barcelona, que por entonces era la ciudad en la que vivía su familia y donde su madre ejercía como periodista. “No teneis corazón” es el titulo de esta primera novela, prologada por el escritor Manuel Marinel y que nos retrata bien a la entonces joven promesa de las letras: “Quien no conoce a Carlota O´Neill, la joven literata, casi una niña, que sabe solazar a la juventud con sus cuentos deliciosos y sus interesantes epistolas?.

Por aquellos años se trasladará Carlota a Madrid, donde realizará estudios de música y parece que fue en esas aulas en las que conoció a un joven muy atractivo y tímido, oficial del ejercito y que realizaba estudios de piloto y de ingeniero civil, y pronto  surgió una gran amistad. El joven militar no era otro que Virgilio Leret, el gran amor en la vida de Carlota, con quien se casaría y tendría dos hijas.

Cuando aún no había cumplido los veinte años encontramos publicadas las siguientes novelas: “Eva Glaydthon”, en La Novela Mensual. Colección Esmeralda;  “Pigmalión”, en La Novela Ideal, Editorial Ginardo, y que era una empresa vinculada a la familia de la entonces joven dirigente anarquista Federica Montseny. De 1925 es también “Historia de un beso”, editada por La Novela Femenina.

Junto a esta prolífica actividad literaria encontramos sus artículos y reportajes en la prensa de Madrid y Barcelona, en publicaciones como Ahora, Estampas, e incluso en la gastronómica Menaje de Barcelona,  con la regularidad de cualquier periodista profesional de la época. Años mas tarde sería Carlota la última reportera en realizar la última entrevista conocida a Santiago Ramón y Cajal.

De la actividad como novelista  y como periodista se puede seguir la pista y reconstruir la biobibliografía de nuestro personaje. Donde la dificultad es mayor es para encontrar testimonios de otras actividades de Carlota, como fue la de ateneista activa y conferenciante en varias ocasiones acerca del teatro de vanguardia o de feminismo. Si hemos encontrado referencias en la prensa de 1935 y de los primeros meses de 1936 de su actividad política, como republicana de izquierda, vinculada a las luchas de aquellos años contra las políticas represivas del gobierno radical-cedista y en las que el Ateneo volvió a tener protagonismo, en buena medida como reacción a la persecución de que eran objeto un buen número de socios, entre ellos Manuel Azaña o Luis Bello. Su alta como socia del Ateneo de Madrid aparece fechada el 1 de agosto de 1934. Según testimonio recogido a su hija, también llamada Carlota, fue muy relevante la actividad de nuestra biografiada en la lucha contra la pena de muerte y en la defensa de los derechos de las mujeres. También se puede encontrar en sus artículos y obras literarias un firme posicionamiento de defensa de los homosexuales y lesbianas, lo que en aquellos años no podía ser más avanzado y progresista. Incluso en una obra tan tremenda como “Una mejicana en la guerra de España” encontramos esta defensa del amor. Nos habla de dos jóvenes compañeras de infortunio, en la prisión de Melilla, que habían sido objeto de violación y torturas por los falangistas unidos a la sublevación. La ternura con la que Carlota nos describe el amor en circunstancias tan graves es conmovedora:

“Las llevaron a la carcel y entraron, las manos en las manos, acurrucandose juntas como hembras heridas. Comieron el rancho en la misma vasija.- No había para tantas- bebian en el mismo bote, se aislaban de todas para hablar en voz baja. Se consolaban, se besaban y limpiaban las lágrimas. A la noche se iban a dormir al lavadero. Este amor levantó escarnios y pudores entre las honestas madres de familia. Y ellas, al sentirse perseguidas, acechadas, mas se amaban. Las otras jóvenes las miraban con mirada reprobadora y curiosa, quizás envidiosas. Pero para las enamoradas fue mas leve el horror que para nosotras. Cuando una supo que habían fusilado a su padre y al hermano de la otra, solo en los besos de su amada encontró alivio. Y se besaban con besos llenos de lágrimas, la huerfana recostaba la cabeza sobre el pecho de la amada. En la antigua Grecia  Safo les habría dedicado sus mejores versos.”

 

El teatro  fue muy importante en la vida de Carlota, tanto actriz y directora de escena como autora. El estudioso Juan Antonio Hormigón, en su obra “Autores en la Historia del teatro español (1900-1936)” nos dice:

“Su actividad teatral se inició escribiendo obras para el Teatro Proletario, que dirigía el escritor y mas tarde director de Mundo Obrero, Cesar Falcón Garfias (Lima 1892-Lima 1970), que recorría España representando obras de Gorka, Toller y otros autores de vanguardia tras la llegada de la República. Igualmente realizaron montajes en la línea del teatro de Agit-Propcentroeuroeo, incluyendo la “revista política” que se utilizó ampliamente por las agrupaciones de ese tipo en la Alemania de la República de Weimar. Una de las obras de Carlota O´Neill en aquel periodo se titulaba Al Rojo, cuyo texto se ha perdido”

En fecha reciente, un ateneista, estudioso del teatro proletario, José Esteban, ha tenido mucho que ver con la localización de esta obra en los archivos de la Administración española,  y nos parece  una gran aportación para reconstruir esta biografía tan fecunda e intensa.

La vida literaria y personal de Carlota O´Neill se vio truncada en 1936, en las circunstancias que hemos referido. En la primavera de 1936, tras el triunfo del Frente Popular,  el capitán Virgilio Leret, que había sido represaliado y encarcelado durante el bienio negro, fue encargado por el propio Azaña de hacerse cargo por unos meses de la Base de Hidroaviones del Atalayón en Melilla. Confiado en que esos meses serían tranquilos y que incluso habría posibilidad de realizar alguna que otra excursión a los parajes mas exóticos de Marruecos, llevó con él a su esposa, Carlota, y a las dos hijas de ambos.  Ya hemos referido el trágico final del militar patriota y republicano, así como que  nuestra ateneísta fue encarcelada. Sufrió dos consejos de guerra y severas condenas, por lo que no obtuvo la libertad provisional hasta 1940. Aquí se inició un calvario tremendo para Carlota, al tener que luchar para recuperar de un orfanato a sus hijas, así como la patria potestad sobre las mismas. Además tuvo que enfrentarse a una “nueva España”, muy diferente del país moderno, cosmopolita y democrático que ella había  ayudado tanto a construir. La República había sido aniquilada y todos sus amigos, muchos de ellos ateneístas,  habían muerto en combate,  habían sido fusilados o se encontraban en prisión o en el exilio. La condición de la mujer, por cuya liberación tanto había luchado, había retrocedido varios siglos, bajo la severa mirada de la Iglesia católica.

Pero Carlota era una mujer muy valiente y los años de prisión no acabaron con sus convicciones. Ya había dado comienzo la Segunda Guerra Mundial y se le ocurrió que el turbo –reactor,  inventado por Virgilio Leret,  podía ser útil en la lucha contra el nazismo a los aliados. Solo ella disponía de los planos y estudios técnicos y se las arregló para entregar tan valiosa documentación, en 1941, al Agregado militar de la Embajada británica.

Los años posteriores en España, hasta que en 1949 consigue marchar a Venezuela están marcados por la supervivencia y por el seudónimo Laura de Noves, autora de novelas rosa.

Su vida posterior, desde 1949, se reparte entre Venezuela y México, paises en los que tuvo una intensa vida como profesional del periodismo, sin abandonar su vocación literaria. De las notas y datos que generosamente nos ha aportado su hija Carlota Leret dejamos anotado lo siguiente.

“En Venezuela escribe para los periódicos  El Heraldo, El Nacional, Ultimas Noticias. Trabaja en publicidad Ars con Alejo Carpentier y comporte con él la adaptación para la radio de las grandes obras del Teatro Universal. Trabaja para Radio nacional, y Radio Caracas.

Recibe su diploma de Directora y Productora de Televisión en Telebicentro, México 20 de Agosto de 1960. Regresa a Venezuela y a partir de eses momento produce y dirige programas en Televisa (canal 4), la primera estación de televisión de Venezuela. En 1953 eligió la nacionalidad mexicana.

Fue fundadora de la Unión de Periodistas y escritores de México. Miembro del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, de la Asociación de Escritores de México, Asociación de Literatura Femenina Hispánica, y también de entidades formadas por republicanos españoles exilados, como la Asociación de Aviadores de la República (miembro honorario).

Cuando falleció físicamente, sus restos fueron incinerados, y sus hijas viajamos hasta México y los esparcimos en la cima del Popocatepeti, uno de los dos volcanes guardianes de la ciudad de México, como era su deseo.

Adoraba a México, su historia, su cultura y su folklore. Su casa de México estaba decorada al estilo mexicano, en su recamara siempre la acompañaron dos esculturas, el árbol de la Vida y la diosa de la muerte Cuautlicue, la cual, por instrucciones precisas de ella, debíamos dejar junto a sus cenizas”.

Carlota O´Neill falleció en Caracas el 20 de junio de 2000, lejos del Madrid que la vió nacer y sin que su obra literaria española y su trayectoria vital como mujer luchadora, feminista y republicana recibieran reconocimiento alguno. Su trayectoria como escritora y periodista necesitan un estudio detenido y exhaustivo y en cuanto a su dimensión política creo que, desde la modestia de estas jornadas de recuperación de la historia del Ateneo y de sus socios ilustres, al menos realizamos una aportación.