BALLESTER GOZALVO, José

JOSÉ BALLLESTER, UN ATENEÍSTA Y PEDAGOGO POR RECUPERAR Por Isabelo Herreros

José Ballester Gozalvo nació en EL CABAÑAL (Valencia) el 1 de marzo de 1893, y realizó sus primeros estudios en la escuela que dirigía su padre, el eminente pedagogo Vicente Ballester Fandós. Cursó estudios de Magisterio, ingresando mas tarde en la Escuela Superior de Magisterio, donde fue compañero del alicantino Rodolfo Llopis, personalidad relevante también en la reforma educativa republicana. Nuestro biografiado también realizó la carrera de Derecho en la Universidad de Valencia e incluso alcanzó el doctorado.

Aunque siempre ejerció de valenciano, lo cierto es que casi toda su vida profesional la realizó en ciudades castellanas, y así nos lo encontramos, ya en 1918, en Soria, de donde había partido pocos años antes Antonio Machado, y con quien mas tarde hará una buena amistad cuando coincidan en Segovia. Por entonces comienza a viajar siempre que puede a Madrid, registrándose su alta  como socio del Ateneo de Madrid con fecha 10 de febrero de 1918.

Con apenas 25 años ya era Profesor numerario de Pedagogía, Historia y Rudimentos de Derecho de la Escuela Normal de Maestros. Fue precisamente en noviembre de 1923,  a poco del golpe de Estado del general Primo de de Rivera, cuando Ballester  fue destinado a Segovia en virtud e vacante producida en la citada asignatura.

Nuestro personaje buscaba la proximidad a Madrid, un destino difícil de conseguir, y optó en 1926 por un destino en la levítica ciudad de Toledo, en cuya Escuela Normal coincidió con el escritor republicano Felix Urabayen, y donde tendrá un gran protagonismo político y social, como veremos enseguida.

Muy pronto se implicó en las luchas sociales de los trabajadores toledanos, agrupados en torno a la Casa del Pueblo, en su condición de abogado. Por entonces solo dos abogados mas, Candido Cabello y Virgilio Carretero osaban enfrentarse al poder caciquil y eclesiástico en la antigua capital del Imperio. Su alta en el Colegio de Abogados de Madrid data de septiembre de 1927, y en el de Toledo debió ser en fecha parecida, si bien no lo  hemos  podido constatar. Aunque la faceta de jurista  de José Ballester queda algo oscurecida por las demás, no por ello es menos importante pues, como veremos, algunos de los cargos ocupados, a lo largo de su vida, están íntimamente ligados al Derecho.

En 1930, cuando aún impartía sus enseñanzas en Toledo, publicó el libro La escuela única, cuyo titulo habla por si mismo de sus convicciones pedagógicas, en buena parte inspiradas por los postulados de la Institución Libre de Enseñanza, cuyos valores y principios le habían sido “contagiados” por su amigo Antonio Machado, antiguo alumno y gran admirador de don Francisco Giner de los Rios.  Otros libros de Ballester dignos de ser señalados son Historia dela Pedagogía  así como Colaboración de los maestros en la orientación profesional.

Aquellos postreros años de la monarquía alfonsina fueron para  el  futuro político de una gran actividad, convirtiéndose en el lider indiscutido del republicanismo de izquierda en Toledo. Participó en 1929 en la fundación del Partido Republicano Radical Socialista,  organización en la que también tuvo un destacado papel, en el ámbito nacional  un periodista de origen toledano, Emilio Palomo, que llegaría a ser ministro de la República. Casi desde su llegada a Toledo tuvo segunda vivienda en Madrid, donde, como antes señalamos, pronto abrió bufete de abogado. En la llamada  “sublevación de Jaca”, y en particular en la campaña antigubernamental llevada a cabo por la Alianza Republicana, tuvo destacado papel José Ballester; incluso se dio la circunstancia, según consta en el sumario que se instruyó con motivo de aquel acontecimiento, que precipitó la llegada de la República,  que el automóvil en el que viajó desde Madrid a la población hoscense  el dirigente republicano Santiago Casares Quiroga, junto a otros miembros del comité revolucionario, era un Ford, matricula TO-2569, propiedad de nuestro biografiado.

Pero regresamos al Toledo del curso académico 1929-1930,  y donde, a pesar de que no existía entonces  universidad,  si que hubo, en la Escuela Normal toledana, las mismas movilizaciones y protestas que el sindicato estudiantil FUE convocaba, y que fueron determinantes en la caída del gobierno de Primo de Rivera y la precipitación de los acontecimientos. Según me aseguraba hace años un maestro, que había sido alumno de Ballester y  militante de la FUE,  la influencia y liderazgo que ejercía el profesor  hicieron de este un personaje popularísimo en Toledo y recordaba como a veces acudían en multitud a acompañar a este a la parada del autobús en el que viajaba a Madrid.

A comienzos de 1931 José Ballester era Presidente del Centro Republicano, ubicado entonces en el número siete de la toledana calle de La Plata. Otros dirigentes relevantes de la entidad eran Luis García Galiano, Justo García, Vidal Arroyo, Guillermo Perezagua y Agustín Conde. Convocadas las elecciones municipales para el 12 de abril de 1931,  en un intento de la monarquía  de ganar tiempo, fue indiscutible, en el seno de la Conjunción Republicano-Socialista, la candidatura a concejal del celebre profesor, como también fue indiscutible, una vez conocidos los resultados, la unanimidad para la elección como Alcalde de José Ballester. Tras los festejos y discursos del día 14 de abril vino la promesa del cargo, con una intervención en la que pidió respeto para los adversarios derrotados, así como hacia  las costumbres religiosas de muchos toledanos.

Como no podía ser de otra manera, dada la  implicación de Ballester con el proyecto educativo de la República, la ciudad del Tajo vio como en pocos meses eran construidas escuelas en todas las barriadas, con el mismo diseño que en el resto de España,  con los planos de  aquellos arquitectos  del Ministerio de Instrucción Pública de Marcelino Domingo, gran amigo de nuestro ateneísta.

En 1931 José Ballester  fue elegido diputado de las Cortes Constituyentes, por la circunscripción de Toledo, participando activamente en la elaboración de la Constitución republicana; de igual modo formó parte de la Comisión de Instrucción Pública. De esta etapa quiso dejar testimonio escrito, y lo hizo con un libro titulado  La serpiente y el león. Durante sus ausencias de Toledo era sustituido en la alcaldía por el socialista Domingo Alonso, también diputado constituyente.

Asimismo hizo sus incursiones en el periodismo se acercó,  fundando en 1932 el semanario toledano La Lucha,  del que fue director. Precisamente La Lucha, en su edición del 28 de julio de 1932, nos da noticia de una conferencia pronunciada por Ballester en el Ateneo de Alicante, con el titulo “Los Estados Unidos de Europa. El sueño de Briand”. En esta conferencia el entonces diputado vaticinó  una segunda guerra mundial si no se producía un diálogo entre países que condujera a la unidad política europea; por entonces aún no había llegado al poder Hitler y era posible intentar evitar la locura  que vino después.

Como su correligionario también era partidario del estrechamiento de lazos con los países de América, pero donde los pueblos tuvieran mayor protagonismo. En ese contexto hay que situar sus trabajos para conseguir el hermanamiento entre las ciudades de Toledo y Toledo de Ohio.

La vocación pedagógica de José Ballester le llevó a realizar una intensa campaña, a favor de las reformas educativas republicanas. Antes de la proclamación de la República y también después, fue la tribuna del Ateneo de Madrid, donde siempre fue un socio muy activo,  el primer lugar en el que el que Ballester defendía sus iniciativas y proyectos. Tal y como hemos señalado nuestro personaje fue socio  de la “docta casa” desde 1918, año en el que era Secretario Primero del Ateneo Manuel Azaña. Su presencia en las secciones fue casi constante, si bien hasta 1933, año en que se instala en Madrid, no puede decirse que es vecino de la capital de forma permanente, lo que sin duda condicionó siempre su actividad ateneísta. Fue precisamente en las elecciones internas, celebradas el 8 de junio de 1933,  en las que accedió José Ballester  a ser  miembro de la Junta de Gobierno, bajo la presidencia de Miguel de Unamuno.

El cargo político más importante de los alcanzados por José Ballester fue el de  Director General de Enseñanza Primaria, cuando era ministro su correligionario y amigo Francisco Barnés, tras la victoria del Frente Popular y en el gobierno que formó Santiago Casares Quiroga,  después de la elección de Manuel Azaña como Presidente de la República.

Gracias al prestigio de que gozaba Ballester como pedagogo fue nombrado miembro del Patronato de Misiones Pedagógicas, presidido por el eminente institucionista  Manuel Bartolomé Cossío y del que también formaba parte su viejo amigo de los tiempos de Segovia Antonio Machado.

La guerra civil interrumpió la construcción de escuelas, tarea a la que se había entregado tras su elección,  en la idea de recuperar el tiempo perdido  durante el bienio negro, periodo caracterizado por la reducción de recursos para la enseñanza y por la paralización  de la creación de nuevas escuelas. Ocupó el cargo hasta su dimisión del mismo el 10 de septiembre de 1936. Justo un día después se reintegró a su cargo de Profesor de la Escuela Normal de Magisterio en Madrid. Tiempo después sería  nombrado  Asesor Jurídico de la Presidencia del Consejo de Ministros.

Y tras la guerra el  exilio, Francia, donde, una vez finalizada la guerra mundial se incorporó a trabajar como asesor de los servicios extranjeros de la Asamblea Francesa,  gracias a su antigua amistad con Eduard Herriot. En el aspecto político continuó actuando, en cargos del gobierno republicano en el exilio, también resultó elegido, en  Presidente de la organización en Francia de Izquierda Republicana; precisamente a través de este cargo consiguió mantener una comunicación constante con los republicanos que en el interior de España combatían como podían la tiranía franquista. A José Ballester le correspondió organizar y presidir el primer gran homenaje a Manuel Azaña  en 1946, celebrado en Montaubán. Su vocación ateneísta la proyectó en la actividad que desarrolló en el Ateneo Iberoamericano de París, entidad a la que estuvo muy ligado y en cuyo salón de actos impartió  un buen número de conferencias.

De igual modo continuó con su actividad en pro de los derechos humanos, llegando a presidirla Liga de los Derechos del Hombre. Hasta el final de sus días fu asiduo colaborador de varios periódicos y revistas hispanoamericanos, en los que abordaba no solamente asuntos relativos a la política española y la actividad de los antifranquistas si no también temas de tipo jurídico y pedagógico.

José Ballester falleció en París, el día 25 de julio de 1970, a la edad de 77 años. Días antes de su muerte escribió una extensa carta al general De Gaulle,  en la que le reprochó su contemporización con el régimen del general Franco, tras la visita de carácter privado que el  ex mandatario francés realizó a España. No sabemos si la carta llegó a ser leída por De Gaulle pues el carismático general y político, fundador de la V República,  falleció poco después, el 9 de  noviembre del mismo año