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Azaña y el síndrome del corazón roto

Artículo original José Luis Escañuela https://elcorreoweb.es/

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Las masas populares celebran en la Plaza de la Cibeles el triunfo de las fuerzas de izquierda en febrero de 1936. / El Correo

Todos los Presidentes conservadores y progresistas de este país se han referido reiteradamente a Manuel Azaña -que fuera Presidente de la IIª República- silenciando que fue enterrado con la bandera mexicana por féretro, al negársele la española.

Ayer Pedro Sánchez vinculó la memoria histórica al hombre que en su agonía deliraba con España. No en vano en un hospital francés, al caminar y tropezar con la pared, Azaña exclamaba “me han vuelto a poner un muro para que no pueda salvar a mis compatriotas”.

Mientras Zapatero esperó a no dejar la Presidencia para pisar el campo de concentración de Mauthasen, y ahora busca la sombra de Felipe VI, no sea que Trump lo incluya entre la lista de más buscados por la Interpol, fue Sánchez –como Presidente-, quien, en plena campaña electoral, visitara la tumba de Azaña en Mountaban.

Todos los que han tenido colchón en Moncloa, han intentado apropiarse de Azaña e incluso Rajoy dejó por un dia el Marca y lo usó contra Puigdemont, plagiando su discurso de 1.938, “todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo río”.

En la antesala del Despacho de Aznar en FAES, lo primero que sorprende es la presencia del escaño que ocupó. Sin que le preguntes, te explica la reforma del Congreso y el recuerdo de su propio asiento, eso sí, debidamente barnizado.

Pero Aznar se apropió de más. A su llegada al Gobierno, un político de provincias descubrió la mesa de Azaña en la Direccion General de Registros y Notariado.

Solícito, llamó a Presidencia.

“José Maria, (Presidente) ha aparecido la mesa oficial de Manuel Azaña”.

Nunca sabremos adónde mora el lugar desde donde el Presidente republicano llorara la tragedia de España; que no puede tener otro diagnóstico que el “síndrome del corazón roto”.

Paseen por las calles, utilicen –si tienen valor suficiente- el transporte público, y percibirán, detrás de cada mascarilla y de cada féretro, ese dolor en que consiste el síndrome que alcanza por igual ambos lados del pecho.

Detrás de los ojos desconsolados, miedos nocturnos de los niños bajo las mantas, España está asolada por el corazón roto y promete infarto en Navidad.

Mientras todo eso ocurre, Abascal compra un chalet de un millón de Euros, como Iglesias el de Galapagar, mientras Sánchez no lo necesita, no en vano tiene residencia en Moncloa. Ellos así estarán cómodamente confinados, no piensen mal. Broken hearts.

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