Manuel Azaña

Dios y el César

Manuel Azaña

A Jesucristo le preguntaron un día, con evidente mala intención, si los judíos estaban obligados a pagar tributos al César romano; enseñándoles una moneda, Jesús contestó: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. La respuesta, más que categórica, fue una evasiva, porque no definió lo que era de cada uno. Pero bueno, el enfrentamiento entre el poder espiritual y el poder terrenal ha sido una constante a lo largo de los siglos.

El Gobierno español anunció un acto público en recuerdo de las víctimas de la pandemia para el día 16 de julio. La Conferencia Episcopal no permitió que nadie le pisase el terreno y anunció un solemne funeral para el día 6 del mismo mes.

No asistió el presidente del Gobierno, pero sí la vicepresidenta segunda, a pesar de lo cual ciertos sectores –los mismos de siempre– hicieron una crítica feroz al presidente acusándolo de abandonar a los muertos y a sus familias.

A pesar de que tenemos una Constitución democrática, con más de cuarenta años de vigencia, no nos hemos enterado de algo fundamental: que este Estado no tiene una religión oficial, sino que en el territorio pueden convivir todas las religiones en pie de igualdad; es decir, somos lo que se llama un Estado aconfesional, y con ello está dicho todo.

El día 13 de octubre de 1931 intervenía don Manuel Azaña con un discurso ante las Cortes en defensa del artículo 26 de la Constitución, y allí empezó todo. El orador dijo que España había dejado de ser católica, a modo de constatación de un hecho, jamás por imperativo de la Constitución que se tramitaba.

La frase fue sacada de contexto por sectores interesados de la oposición y ahí se produjo el gran equívoco, cuando la idea era clara en el sentido de que, como dijo aquel gran hombre inteligente, la religión es un problema del individuo y nunca del Estado.

Trasladado esto al momento presente, honrar a las víctimas es una cuestión de Estado, cuestión del César, compatible con cualquier acto religioso, cuestión de Dios. Que descansen en paz.

Artículo de Julio González Puente. elcorreogallego.es

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